jueves, 30 de junio de 2011

De icono del franquismo a alumna comunista de Rodolfo

Arremete Rodolfo en pos de.....la costa brava

lunes, 27 de junio de 2011

La mudanza del fenòmeno, Retraso o Picor? PICOR POR ROFANES

PICOR

Las abejas zumbaban pesadamente, dando vueltas y más vueltas por la diminuta habitación. Yo apenas podía apartarlas, mis dos brazos al aire agitándose. Varias de ellas me habían requetepicado ya y, de hacerlo una vez más, culminaría el límite de mi resistencia y me tornaría a desmayar.
Mi piel se hallaba semi enrojecida por la sangre arterial que circulaba bien aprisa, en procura de alivio y bienestar hacia las células marchitas; el protoplasma caliente irradiaba un sopor angular, que me inundaba en vahos inconscientes de dolor y martirio.
Comencé a caminar más rápido aún. Aquel cuarto de dos por cuatro no poseía ventana o cuadro alguno, por lo que la visión de aquellas paredes transparento-blanquecinas, aturdía en gran forma mi cerebro y le proyectaba imágenes caleidoscópicas de cinco por seis, bañadas en un tibio color turquesa añilado.
A pesar de que apenas podía sostenerme en pie, era imposible dejar de caminar sobre aquel círculo infernal, que en sentido contrario a las agujas del reloj, mis pies insistían en circunvalar. Súbitamente, la abeja madre se detuvo y me miró, con parte anterior comprensiva y bienhechora Era como si me estuviese pidiendo perdón por todo el revuelo que sus vasallas habían armado. Como toda contestación , le lancé un tiñguiñazo que le lastimó la espalda Entonces, su rostro enrojeció y comenzó a hincharse de una manera que temí fuera a explotar. No tanto por ella, sino por mí, porque bien dicen que las entrañas de estos animalejos alados son muy perjudiciales de inhalar....
Me gritó de todo: que siempre escoltada por veinte mil obreras,
había concurrido al traumatólogo la semana anterior y que le habían colocado un corsé para sus pseudo vértebras de insecto volador. Y que exactamente al día siguiente se lo irían a sacar.
“Ahora tendré que dejármelo una semana más, por lo que habré de finalizar mis días, sumergida en esta porquería humana, que mi amo apicultor diseñado me ha”
Bajé la cabeza y le dije que realmente lo lamentaba, a lo que, con mirada astuta inquirió:
“¿Realmente?”
Tuve que confesarle que no: que me importaba un rábano si moría con corsé o sin él, que para mí no era ella más que un animalejo inferior, de esos que ni valía la pena mirar, o con los que apenas aprovechaba mantener conversación... Entonces la contemplé estallando en cólera, mucho más profunda que la anterior...

Y me picó. Sentí enseguida un dolor agudo, intenso como jamás lo había experimentado con bicharraco alguno. Súbitamente, todo comenzaba a nublarse y nada distinguía ya. En determinado momento tuve la sensación de que mis pies se tambaleaban y me precipité ridículamente hacia el piso del lugar.
Mis ojos enrojecidos, aún conservaban algo de la magnifica visión que por extraño capricho genético, el primo carnal de mi bisabuelo me había obsequiado, y entonces divisé aquel maldito aguijón envenenado, que yacía insolente sobre mi congestionado sacro-lumbar.
¡Era reversible! Y mediante una extraña técnica que jamás pensara pudiese existir, aquel maligno ser me había inyectado del otro lado, con lo que el difunto no venía a ser ella, sino quien esto escribe, como final.
Mientras moría, levanté mi cuello hacia el techo y la contemplé muy animada, dirigiendo el manchado que varias obreras
disfrutaban durante el descanso, con una esferita de jalea real. Su mirada se tornó, fija, acusativa, sobre mí:
- “Y todo por mentir”, sentenció
- “Y todo por ser sincero”, fue mi alusión.

- FIN DE “PICOR”






Ay Rofanes te parece que Bernardo sea tan independiente y audaz ? RETRASO POR ROFANES

RETRASO

- Buenos días, señor jefe.
- Llega tarde, Bernardo. ¿Son estas horas de venir?
- Disculpe, señor...¡El ómnibus!
- Escúcheme una cosa: a mí no me incumbe si viene en ómnibus o caminando. Lo que sí me importa es que arribe efectivamente en hora. ¿Está claro?
- Sssi, señor.
- ¿Preparó el expediente?
- Nnno, señor.
- ¿Cómo dijo?
- Sucede que mi familia está muy enferma. Mi señora tiene fiebre y el más chiquito, varicela.
- Vamos a ver si dejamos algo bien en claro, Fagundez: aquí no interesa en absoluto su vida personal. Si usted quiere hacerse un viaje a Europa ida y vuelta en dos días, yo no lo voy a multar, o si se le antoja pasarse todo el fin de semana tirado, allá usted. En esta oficina lo único que importan son los resultados. ¿Entendió?
- Sí, señor.
- Bien. Siéntese por favor, y póngase a trabajar de una buena vez que en su despacho hay mucho trabajo atrasado...¿Qué espera?
- Es que... Señor, venía a comunicarle que en el día de hoy arriba mi primo de Bruselas y no tiene nadie que lo vaya a buscar.
- Que se venga solo. Debe ser bastante grandecito, ¿no?
- Sí que lo es. Pero el pobre...¡No conoce Montevideo!
- ¿Y usted qué quiere hacer¿ ¿De guía turístico? Además, me imagino que le habrá dicho que no puede, porque tiene que trabajar.
- No, señor. Al revés.
- Cómo dice?
- Este... venía a comunicarle que no voy a poder quedarme porque tengo que ir... Al aeropuerto. Usted comprenderá, señor.
- ¿Comprender? ¿Qué es lo que tengo que comprender? ¿Qué es usted un atorrante y que cualquier excusa le viene bien para no trabajar?
- ¡Pero señor! ¿Cómo puede pensar eso de mí?
- ¡Es que es tan fácil! Mire, ya son las nueve y media y acá empezamos a las nueve en punto. O sea, que ya tiene media hora de retraso...¡En fin! ¿A qué hora llega su primito?
- A las diez, señor.
- Entonces hagamos lo siguiente. Salga de aquí diez menos diez y se toma un taxi. Estamos relativamente cerca del aeropuerto y llegará no más bien.
- ¡Señor, son cinco quilómetros!.
- Entonces sale menos cuarto y le pide al chofer que se apure.
- Pero...
- ¡Ni una palabra más! ¿Estamos?
- Bueno, gracias señor. ¡Muchas gracias!
- No tiene nada que agradecerme, Bernardo: el tiempo de su ausencia será descontado de su sueldo. ¿Alguna otra pregunta?
- Por ahora nnn...
- ¡Entonces, vamos! ¡Póngase a trabajar! y aproveche al máximo estos quince minutos que le quedan, que ya son casi diez..¡Ah, por cierto! A las diez y cuarto en punto lo quiero de regreso. ¿Escuchó?
- ¡Pero, señor!
- ¡Basta, Fagúndez, que tiene mucho trabajo que hacer!
- ¿Señor?
- ¿Qué?
- ¡Renuncio!
- ¡Cómo que renuncia!
- Eso mismo: renuncio. ¡No aguanto más esta esclavitud!
- Pe.. pero...¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loco? ¿Se da cuenta el montón de trabajo atrasado que tiene?
- ¿No acaba de escuchar lo que dije?
- Perfectamente, no soy sordo. Pero para renunciar va a tener que aguardar el intervalo de las doce y media...Espere un poco: aquí llega la gerente de la misión que le encomendé. Yo me desligo. ¡Ella se encargará de usted!
- ¡Señor!
- Buenos días, Fagundez.

- Buenos días, señora gerente

- ¿Se le ofrece algo? ¿Por qué a estas horas no está trabajando?

- Verá, le estaba comentando al jefe que...

- ¿Cómo? ¿Escuché bien? ¿Desde cuando un empleado de la tercera sección

- a la izquierda está habilitado para hablar con el jefe?

- Bueno, lo que pasa es que...

- ¡Me extraña! ¡Ubíquese, Fagundez! ¿Para qué estoy yo?

- Mis disculpas, señora gerente.

- Ahora dígame: ¿Qué deseaba?

- Que en diez minutos llega un arriba un primo mío de Ámsterdam y me tengo que ausentar.

- Ausentar...¿Ausentar? ¿Qué palabra es esa? ¡Si apenas la conozco! Ahora

- dígame de una buena vez que es exactamente lo que quiere, porque

- tengo otros empleaduchos...digo, empleados que atender.

- ¡Quiero irme! Renunciar... ¡Estoy harto de trabajar aquí!
- ¡Ah! Era eso... Está bien. Espere lo que haga falta, que en cuanto pueda le traigo el formulario.

- ¡Pero rápido, por Dios, que llega mi sobrino de las Canarias!
- Aquí tiene.
- Bien...
- Llénelo con letra manuscrita, legible, tinta china, a dos espacios.
- ¿Tinta china? ¿Dónde diablos voy a...?
- Tómeselo con calma. No hay apuro. Igual me lo trae el año que viene.
- ¿Está loca? ¿No escuchó que me quiero ir?
- ¿Pero qué? ¿Se siente mal?
- Le digo que...¡Es inútil! Conversar con usted es como hablar con las paredes. Yo me voy. Se me hace...
- ¿Espere un momento? ¿Cómo dijo?
- Que se me hace tarde. Tengo que estar en el aeropuer....
- Lo anterior.
- Que hablar con usted es como hacerlo con las paredes.¡Ya me parecía a mí que las conocía! Como si alguna vez me hubiese equivocado! Así que es usted amigo de las mellizas y morosas Lucía y Carmen Paredes. ¿O qué otra relación tiene usted? Pero...¡A mí qué - importa! Le voy a dar el importe de cobro para que se las presente...¡Y guay de usted si no se aparece con la plata!
- ¿Morosas ellas? ¡Pero si recién llegan hoy de Finlandia!

Sansone serà el yo reprimido de Bernardo? SANSONE POR ROFANES

SANSONE

Él era fuerte, poderoso. ¡Invencible! Decíase que había arremetido contra cinco elefantes juntos y a todos había vencido. También se contaba que siempre se erguía victorioso en el torneo de fortaleza a celebrarse en el condado de Northam, cuando derribaba de un solo puñetazo a sus ingenuos contrincantes, quienes, año tras año, hacían las paces para enfrentarle.
Entonces, insuflado de orgullo y vitalidad, levantaba sus brazos bien alto, mientras la bella chica de turno corría a coronarlo con guirnaldas de oro y estandarte de jade. Y él la besaba. en los labios...
Sentía atracción especial por las mujeres jóvenes, vírgenes y ninfas, que caían deslumbradas ante sus magníficos músculos de acero, que pomposamente exhibía por dondequiera que paraba; una larga cola de transeúntes aparecía entonces, pidiéndole autógrafos, con dedicatoria firmada. Y él los llenaba todos con esa sonrisa insufrible que invariablemente exhibía. Era perfecto y todos los hombres lo envidiaban.
Incluso se manejaba que muchas mujeres prometida y otro tanto casadas, se derretían por entre sus brazos echarse, cosa que efectivamente hacían, cuando la (menor) oportunidad se presentaba.
Y él, que era un pan de dios encarnado, no podía rechazarlas.
Y las amaba.Por las tardes solía ir a tomar el sol a la playa, o en una de las piscinas de los tantos clubs que frecuentaba. Entonces, para contemplarlo, sus tareas todos abandonaban: los que se hallaban dentro de la piscina ya no nadaban, aquellos que estaban conversando cortaban sus palabras y quienes hasta entonces tomaban el sol, se ponían frente a él, porque más brillo irradiaba.
Entonces él, borracho de la admiración que hacia él pregaban, hacía un clavado perfecto en el trampolín y...¡Todos boquiabierta quedaban!
Y nadaba. diez, quince, veinticinco, cincuenta piletas. Sin detenerse un solo segundo para que sus músculos descansaran. Tal era su entrenamiento, tal su perfección en el agua. Cuando arribaba a las cien, interrumpía un par de segundos, para rascar su nariz o sacarse alguna burbuja de las pestañas...Y continuaba la travesía, en medio del mirar de los concurrentes, pavoroso y agitado, quienes desde que apareciera, no habían vuelto a decir palabra.
Tres, cuatro o seis horas después, abandonaba. Y, tras saludar a sus embobados admiradores, partía para su casa. Así era él, imprevisto y relámpago, tanto en sus salidas, como sus llegadas. Entonces continuaban todos con sus quehaceres y la agitación retornaba a ser mancomunada.
Cuando se depositaba en su hogar, una multitud lo aguardaba: ancianos, jóvenes y diputadas, que deseaban tocarlo, mimarlo, abrazarlo...¡que aunque fuere los mirara!
Y, muy educado, con todos conversaba. Cuando finalmente se marchaban, largamente suspiraba, mientras secaba el sudor de su augusta barba. Y enseguida se metía en la ducha, bajo calentita agua. Ya limpito se miraba al espejo para ponerse la crema, para el mentón, mejillas y párpados. Ya en su habitación, extraía del armario la gatita blanca, unos lindos besitos y de nuevo la guardaba. Luego prendía la tele y poníase a ver Disneylandia; tras el Pato Darwin, un rico vaso de Vascolet tomaba.
Y en abrazando su osito de peluche, dormía una siesta, en su mullida cama.



viernes, 17 de junio de 2011